B. está sentada en el parque y finge tristeza. Se lleva las manos a cabeza, resopla y suda. Sus ojos están vidriosos. De repente se levanta y se confunde con el gentío. Vaga desconsolada por los caminos que llevan a entradas, salidas, fuentes y kioskos. Imagina que su pareja rompe con ella, que la echan de su trabajo, que no puede pagar el alquiler. Imagina que te estás muriendo.
Y llora.
La gente la mira mientras llora tirada en el césped. Las palomas comen gusanitos en un suelo cubierto de lágrimas.
B. finge llorar hasta que tristeza toma su cuerpo. Desde ese momento, solo es ella misma en el parque y ha de fingir alegría el resto del tiempo.
27 de junio de 2010
Tristeza
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23:17
30 de abril de 2010
23 de diciembre de 2009
Despertar
es abrir una ventana,
dejar que el aire te golpee,
inspirar
y respirar.
es esa hora muerta
en la que aún tu rostro provoca risas y sonrisas
a los que tienen la oportunidad de verte,
(o a tu propio reflejo si corres esa suerte).
no implica las palabras
que ahogan los pocos retazos
que tu cabeza guarda de tus sueños,
tus dulces sueños.
es afrontar
el lapso entre abandonar la cama
y volver a ella como si fuera el último.
Buenos días
y hasta siempre.
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10:51
21 de diciembre de 2009
La penúltima.
Érase una vez
un pretérito imperfecto
en el que la sencillez reinaba
y todo era lógico y causal.
Pero tuvo un mañana
en el que cuatro palabras dictaron
que el desorden de los factores
ya no alteraba el producto.
Una vez más, las melodías de tristeza
ambientaban la historia de los tres últimos días
en los que los recuerdos aminoraban el paso del tiempo
y tú, fantasma, ponías en jaque de nuevo al rey,
en una partida perdida.
Desde el principio.
Y al final desechas todo lo aprendido
para volver al bruto buoyante que nunca tuviste,
porque el neto jamás fue lo que prometía.
Tranquilidad y paciencia, te dicen.
Palabras fáciles para el que no padece.
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3:51
11 de noviembre de 2009
Artículo en plural con sustantivo cambiado de género.
Un myspace trae una melodía nueva.
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8:01
21 de septiembre de 2009
El centro de Madrid siempre será la constante
El mundo está en crisis, como tú, como yo;
mis bolsillos vacíos, tu vanidad siempre tan llena,
nuestras entrañas cada día más limpias,
el arte con pasos cada vez más neutros
y Preciados sigue siendo una masa solitaria.
Tercera persona no llegará ni a dos líneas
en el diccionario de tus recuerdos.
FIN
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0:42
11 de agosto de 2009
I woke up today
Esta mañana me he despertado
y he notado mi edad por vez primera
tanto en mi mente como en mi cuerpo.
Ya no pienso tanto en cómo encajar
sino en cómo ser mejor persona.
Y mis dientes están peor
y me duele toda mi puta cara.
Esta mañana me he despertado
con un gemido y no con una explosión
de un niño o de un padre.
Parece ser que esos siete kilos
que he perdido desde que te fuiste
eran la parte de mí que más te gustaba
y que más conocías.
Esta mañana me he despertado
y he notado mi edad y la suma de todo lo que he hecho...
O me acaban de dar una patada en los dientes
o el tiempo ha terminado por cambiarme.
After Mike Kinsella.
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7:59
Etiquetas: adaptaciones
6 de agosto de 2009
Introducción a la lógica formal
Todo comenzó como parte de un juego. Estaban en la cama fumándose el cigarrillo y a él se le ocurrió una manera estúpida de aliñar la típica pregunta.
¿Y si al comenzar el día te dijera un número que determinase las mentiras que ibas a decir durante el día?
Mentir.
Mentir iba a mentir igual, es algo natural a la naturaleza humana. Nunca fue amiga de las directrices, pero un número fijo de mentiras... no era una norma. Era algo incluso divertido. Accedió.
El primer día fueron doce, lo recordaba perfectamente porque era uno de febrero. Doce mentiras que iba apuntando haciéndose una pequeña rayita con un boli, justo debajo de su reloj de pulsera. Un pequeño tatuaje con el que poder llevar cuenta de sus mentiras diarias.
Fue su error.
Las mentiras controladas. Por ella; por él. Otra fuente más de discusiones. Genuina... Única en su especie. Algo que sólo ellos compartían.
Celos por las rayas escritas tras respuestas. Paranoia por la posibilidad de mentir en las muescas. Desconfianza por la falta de certeza. Y aún así... él seguía dictando números, día a día, como si fuese una religión. Un número tras otro.
El cero marcó el final de la historia. El final siempre fue una verdad absoluta.
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21:11
17 de julio de 2009
A Nicole.
Corría el año 2006.
Nunca me gustó el tenis, pero en esa época estuve muy enganchado a las apuestas por Internet. Último año de estudiante, otro año sin un duro, hacinado en casa porque la oferta de marcha arancetana es tan grande como las posibilidades de encontrar una Beck’s en Las Pedroñeras. Así que era bastante lógico que de repente palabros como Back, Lay al under o Money line, dejasen de formar parte de un argot incomprensible. Además, contra todo pronóstico, los Hurricanes de Carolina ganaron la Stanley Cup (tal y como pude apuntar en un conocido foro con bastante tino), por lo que el dinero ganado ya de por sí era abundante.
Así que tocaba el tenis.
Y en el tenis, estaba ella. Hipnótica. Vaidišová.
La clase hecha tenista. Nadie daba un duro por ella, pero miradla, con apenas 17 años y acabando con los sueños de Amélie Mauresmo (número 1 del mundo en su momento, damas y caballeros) y Venus Williams… Dando pasta a ludópatas potenciales como yo (clink, clink, ¡caja!) además de otras razones obvias (como todas las -ovas, dicen las malas lenguas) para ver Roland Garros. Como aquella semifinal.
Qué semifinal. Estaba bien encarrilada. 7-5, en el primer set, y en el segundo set 5-4. Yo, fiel a mis back a Vaidi desde primera ronda de Roland Garros (era la comidilla en aquel momento, y en ese momento no era tan enemigo acérrimo de las modas) ya me estaba frotando las manos. Ni siquiera hice Lay a mi Back para cubrirme... Iba a ganar. Ella sacaba muy bien, tenía dos puntos de partido, y un buen colchón por si le temblaba la mano. 17 años, y la oportunidad de jugar la final de Roland Garros… En cierto modo, me recordaba a mí (bueno, gran falta de modestia por mi parte, todo hay que decirlo), a la inminente falta de vacaciones, a esas entrevistas en empresas que en esos momentos parecían grandes e inalcanzables, a las ganas de acallar esas persistentes preguntas de qué era lo que iba a hacer con mi vida una vez terminada la carrera y que si mi carrera tenía salidas. Pues estaba claro, a cualquier sitio menos a casa… La vida en ese momento eran las rondas imposibles de Roland Garros que tal y como estaba haciendo Vaidišová iba a superar una por una hasta llegar a la final. Una Mauresmo, una Williams y después una Kuznetsova…
Hasta que le tembló la mano. Nunca una doble falta dolió tanto.
Vaidišová sonreía de frustración, algo que luego me vi aprendiendo a hacer por mi cuenta demasiado pronto. Esas sonrisas que esconden lágrimas corrosivas que acaban con tu estómago. Esas sonrisas que se entienden a tres leguas, pero que todo el mundo finge no comprender para ahorrarse conversaciones que sencillamente no apetecen. Bastante tiene cada uno con lo suyo, como para tener que escuchar la mierda de los demás (habrase visto...). El caso es que Vaidišová de repente había perdido la oportunidad. Pero aún quedaba partido. Solamente tenía que jugar como había hecho hasta ahora…
Pero Kuznetsova se la terminó comiendo. Con contundencia. La experiencia es un grado y a pesar de que no había cuajado un buen partido, terminó imponiéndose. Por fuerza moral, por cabeza fría, porque ya sabía que si cuando te dan las cosas en bandeja no las aceptas, te las terminan quitando. Por mucho que te las merezcas.
De todos modos, apagué el televisor con el convencimiento de haber visto el nacimiento de una estrella. Estaba totalmente seguro de que al año siguiente la vería en la final, que yo al año siguiente iba a estar también allí, que la milonga del JASP que me vendieron era posible y ahí estaría Vaidišová para demostrarlo…
Han pasado ya tres años de eso y... ¿habéis oído de hablar de Vaidišová?
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0:20
9 de julio de 2009
24 condicionales perfectos. (I)
—Siento mucho las molestias, pero les ruego que me presten solo un poco de atención...
Todas las cabezas bajan en una coreografía que parece sacada de un musical. El traqueteo se mezcla con Superchunk y algunas palabras sueltas que vienen a contaminar mi lectura... Creo que debería llevar algo más ligero para el metro; seguro que tanto mi espalda como mi cerebro lo empiezan a agradecer. En fin, no me queda más remedio que cerrar el libro y ya mañana volveré a empezar por la misma página...
—¿No? ¿Y qué me dice usted?
El tipo está delante de mí, su aspecto es lamentable pero eso no le impide fijarse en mi libro. Gesticula con la mano. No sé si querrá decir "menuda elección", "no te lo vas a terminar en tu puta vida" o "anda, qué suerte, sabe leer". El caso es que me ha hecho gracia...
—Tome. Siento que sea solamente calderilla, pero es lo que llevo encima...
—Muchísimas gracias.
—Oiga, en serio no hace falta que...
No me deja terminar la frase. Inclina la cabeza hacia mi oreja, y me susurra algo mientras me lo entrega...
—Es su cambio.
Y sin saber ni cómo ni por qué, comienza 1 condicional perfecto...
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23:04
Etiquetas: Condicionales perfectos